9 de septiembre de 2015
Querido pintor:
Le quiero escribir esta carta
para contarle mi postura acerca de su obra y la historia de esta. Primero que
nada, le quiero relatar cómo di el encuentro con su preciada pintura. Mi criado
junto a mí, malherido, nos instalamos en un castillo. Al entrar no pude dejar
de apreciar la arquitectura y la decoración de los muros. Tan pronto como
observé una sala de numerosas y ricas pinturas, no pude parar de verlas. Me
produjeron un profundo interés, hasta que logré ver la suya. Me quedé tan
impresionado con el retrato de su mujer que lo contemplé por horas. Tanto así
fue mi abismo que decidí buscar su obra en un pequeño volumen que encontré.
Ahora que ya se enteró cómo
conocí su obra, déjeme decirle que me impresionó su descripción. Tal como decía
en el volumen, “Él tenía carácter
apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores (…)” reconozco
su gran pasión por el arte y por su bella esposa. No me había impresionado más
que cuando leí que su mujer tenía miedo de ser retratada por usted. En ese
momento pensé si usted era un loco, o quizás su esposa no comprendía su arte. Tuvo
bastante suerte en tener una cónyuge, quien su sumiso carácter la llevó a
aceptar la peor decisión de su vida. A pesar de que yo veía cómo la retrataba
con gran alegría y gloria, no podía dejar de pensar en cómo se sentía su mujer.
Prácticamente la encerró y la aisló de la realidad. Hasta esa parte, pude
reconocer que es un hombre muy apasionado, pero esa pasión lo llevó a un
extremo, a tal punto de perjudicar a su esposa. Mientras su mujer agonizaba, ni
se daba cuenta de ello. No le bastó más que verla morir una vez terminado el
cuadro para notarlo.
Por otro lado, estimado pintor,
quiero decirle que aún no dejo de pensar cómo se sintió su esposa en esos
momentos. Realmente no puedo imaginar tremendo sufrimiento y agonía al ser
aislada del mundo exterior para satisfacer su pasión. Esto no solo lo convierte
en una persona egocéntrica, sino que me hace ver que usted era un maniático por
la pintura. Lo que me lleva a concluir que su locura se basa en su frustración
sexual y su obsesión. Me quedé totalmente impactado al ver que su esposa había
muerto una vez que terminó el retrato. “Mas era humilde y sumisa, y sentóse pacientemente
largas semanas, en la sombría y alta habitación dela torre, donde la luz se
filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso." Era una hermosa
mujer, tanto fuera como por dentro y su vida quedó estrepitosamente plasmada en
ese cuadro y ahora no puede salir de ahí. Ahora entiendo por qué estaba celosa
de la pintura, usted la amaba más que a ella.
Asimismo, quiero rescatar la
belleza del retrato oval. Estaba magníficamente decorado con un bello estilo.
La bella fisionomía de su mujer se complementaba con la preciosa calidad del
cuadro. Realmente parecía que dentro del cuadro quedó su vida, pues perdió su
vida por esa razón, porque la pintó hasta la muerte. Como se habrá dado cuenta
yo aprecio mucho la pintura, cuando entré al castillo me produjeron delirio,
pero nunca pensé encontrar tan bello cuadro con una historia tan terrorífica.
Finalmente quiero agradecerle por
leer esta carta. Ojalá lo tome en cuenta para sus próximas pinturas. A pesar de
todo, destaco su gran talento y me sorprende la gran cantidad de pasión que le
puso a ese retrato oval.
Atentamente se despide,
El hombre malhadadamente
herido